EMDR desde mis ojos: la memoria está viva.

EMDR desde mis ojos: la memoria está viva.

Una historia sobre cuerpo, memoria y reprocesamiento

Quería hacer este blog informativo sobre “qué es la terapia EMDR”, pero cada vez me doy más cuenta de que a mí me gusta contar historias, así que decidí contarte qué es la terapia EMDR desde mis ojos, desde mi experiencia, desde mi sentir en carne propia, pero también desde ser espectadora del maravilloso proceso de mis consultantes.

¿Vamos? Ponte cómoda.

Antes de querer cambiar algo de ti

Antes de querer cambiar algo de ti que no te gusta, vamos a pensar que quizá existe una forma diferente no solo de estar en el mundo, sino de sentir el mundo, sin tener que sentir la necesidad arrancarte eso de ti que no te gusta.

Sé que puede sonar raro… ¿cómo una forma diferente de sentir el mundo y de estar en el? Exacto.

Muchas veces nos pedimos cambios abruptos, bruscos, casi violentos, y el sistema, el cuerpo, el organismo, el sistema nervioso, la psique, no funcionan así. El marketing de la espiritualidad, del wellness y de la sanación nos ha vendido cambios extravagantes, dramáticos y, déjame decirte algo: muchas veces imposibles.

El organismo no suele sostener cambios abruptos, pero sí puede ir sintiendo más seguridad. Y cuando el sistema empieza a sentir más seguridad, entonces algo empieza a sentirse diferente. No solo en cómo pienso el mundo, sino en cómo lo vivo, cómo lo recibo, cómo lo habito.

Con todo esto quiero decirte: sí, sí hay una forma diferente de ser, de estar, de sentir, de recibir. Y eso es algo que a mí misma me ha permitido experimentar la terapia EMDR.

¿Cómo ha sido para mí vivir EMDR?

Primero, es raro de explicar, pero voy a intentarlo.

Es como si hubiera recuerdos que no solo estaban en mi memoria, sino encima de mí. Como si los hubiera estado sosteniendo con el cuerpo, y como si mi propio cuerpo no solo estuviera cansado de sostenerlos, sino también protegiéndose de ese cansancio.

Recuerdos dolorosos, sí, pero también muy tristes, muy solitarios, y para ser sincera, con un anhelo profundo de que algo hubiera sido diferente.

Con EMDR, fue como estar ahí, en esos recuerdos otra vez, pero desde otro lugar. Y como si a esos recuerdos se les fueran añadiendo elementos que mi memoria consciente no recordaba, pero que de alguna manera también estaban ahí. Sensaciones, asociaciones, comprensiones, detalles internos, nuevas formas de mirar la escena. Y al añadirse esos elementos, la memoria empezó a reprocesarse de una manera más adaptativa. El dolor dejó de sentirse tan encima y la soledad perdió peso.

Porque eso permite EMDR: reprocesar memorias.

Y es que cuando algo fue demasiado intenso, demasiado rápido, demasiado confuso o demasiado solo, el cuerpo y el cerebro no siempre alcanzan a procesarlo en ese momento. A veces la experiencia queda guardada con demasiada carga, como si una parte del sistema siguiera tratando de entender, defenderse o terminar algo que no pudo terminar.

Por eso a veces decimos: “todavía no lo proceso”.

Y no lo decimos solo como metáfora. Muchas veces se siente literal. Lo recuerdas y el cuerpo todavía responde. Se aprieta el pecho, cambia la respiración, aparece la culpa, la vergüenza, el miedo, la rabia, la tristeza, la urgencia de huir, de explicar, de agradar, de apagarte.

EMDR es una terapia de reprocesamiento porque trabaja justamente con eso: con información que quedó atascada, con memorias que todavía se sienten demasiado vivas, demasiado encima, demasiado presentes.

Y cuando esa memoria puede reprocesarse, no necesariamente desaparece, no se borra, no deja de haber existido, pero puede empezar a almacenarse de una manera más adaptativa. Puede empezar a sentirse más como un recuerdo y menos como una amenaza actual. Como algo que sí pasó, sí dolió, sí tuvo un impacto, pero que ya no necesita ocupar tanto espacio dentro del cuerpo.

No solo resignificar, sino reprocesar

Cuando hablamos de EMDR no hablamos solo de “resignificar” un evento y encontrar unas palabras más bonitas o más adecuadas para narrarlo. Eso puede ayudar, claro, pero EMDR trabaja en otro nivel. Hablamos de un reprocesamiento que involucra al cerebro, al cuerpo, al sistema nervioso, a la memoria, a las emociones, a las sensaciones y a las creencias que quedaron asociadas a una experiencia.

Esto me encanta, me parece fabuloso y debo confesar que me emociona.

Imagínate la paz, el descanso que se siente poder decirle a una consultante: deja a tu mente descansar un momento, no tienes que entenderlo todo, no tienes que explicarlo perfecto, no tienes que encontrar la frase correcta; vamos a permitir que tu cerebro y tu sistema hagan parte del trabajo.

¿Increíble, no?

Pues esto permite la terapia EMDR.

No es que la mente no importe. La mente importa, la narrativa importa, las palabras importan. Pero en EMDR no le pedimos a la mente que cargue sola con toda la historia. Trabajamos con algo que en EMDR se conoce como PAI, el Procesamiento Adaptativo de la Información. También podríamos entenderlo como una capacidad natural del organismo para procesar, integrar y reparar información que quedó atascada, siempre y cuando existan las condiciones adecuadas.

En otros abordajes, a esto algunas personas podrían acercarse desde palabras como “sabiduría interior” o “sanador interno”, aunque menos metafísico o álmico y más desde el cuerpo, el cerebro y la fisiología. Para mí, de alguna forma, son lenguajes distintos intentando mirar una misma inteligencia: el organismo tiene una tendencia profunda hacia la reparación cuando encuentra las condiciones y la seguridad suficiente.

La memoria no vive en una nube abstracta

Me gusta imaginarlo como cuando estás lavando los platos y, sin querer, te haces una cortada en el dedo. ¿Qué haces? Bueno, la mayoría la lava, la cuida, quizá la desinfecta, la protege un poco y deja que el cuerpo haga la sanación que tiene que hacer. Entonces empieza todo el trabajo fisiológico: glóbulos blancos, costra, reparación del tejido, cierre de la herida, etcétera.

¿Lo notas? Bueno, el modelo de EMDR nos dice que, de alguna forma, el cerebro también tiene una capacidad de procesar y reparar. Porque el cerebro también está en el cuerpo. La memoria no vive en una nube abstracta, vive en redes, en sensaciones, en imágenes, en asociaciones, en respuestas fisiológicas, en creencias que a veces se quedan pegadas a lo vivido.

Y así como una herida física necesita ciertas condiciones para sanar, una memoria dolorosa también necesita condiciones adecuadas para poder reprocesarse: seguridad, acompañamiento, regulación, estructura, ritmo, cuidado.

Esto me parece fascinante porque nuevamente estamos hablando de cerebro, de cuerpo, de fisiología, no solamente de mente. Al final, podemos discutir horas sobre qué es exactamente la mente, y probablemente no nos pondríamos de acuerdo, pero sí sabemos que tenemos un cerebro, un cuerpo, un sistema nervioso, y cada vez sabemos más sobre cómo las memorias, especialmente las memorias traumáticas o perturbadoras, pueden quedarse activas en el presente.

EMDR trabaja con esa comprensión: la memoria está viva, no es fija, y puede volverse más adaptativa.

Creo que ya no continué con mi historia con EMDR como tal, pero ese no era el punto exacto. Era un ejemplo muy presente que quería contarte.

La terapeuta también necesita ser acompañada

¿Sigo en proceso EMDR? Sí. Y seguiré.

Porque el camino de una terapeuta no es solo acompañar, es también permitirse ser acompañada a sí misma hacia la infinitud de su mundo interno. Yo tengo una premisa que sostiene mucho de mi trabajo: una terapeuta solo puede acompañarte con profundidad hacia territorios que ella misma se ha atrevido a transitar.

A veces me imagino como una profesora de buceo. ¿Podría ser? Es decir, si nunca he buceado, si nunca he sentido la presión del agua, si nunca he sentido cómo cambia la luz cuando una empieza a bajar, si nunca he conocido el impulso de querer subir rápido cuando algo se siente demasiado, ¿cómo podría acompañarte a ti en tu propia profundidad?

Para poder acompañar, yo también he tenido que recorrer mi propio camino, hasta la oscuridad, hasta la profundidad. Si no, ¿de qué otra forma te acompaño a ti a la tuya?

¿Ha sido cómoda esta oscuridad y esta profundidad? No siempre.
Pero siempre ha sido inmensamente necesaria.

Y quizá por eso hoy puedo acompañar desde otro lugar. No desde la fantasía de que bajar es fácil, ni desde la idea romántica de que sanar es bello y luminoso (porque en la profundidad hay oscuridad,) sino desde la experiencia encarnada de saber que, a veces, cuando bajamos con cuidado, con sostén, con presencia, también podemos encontrar perlas.

Y que después de bajar, también se puede volver a la superficie. No igual.

Con otra mirada... con más aire, con algo menos de peso.

Desde ahí puedo acompañarte, no para empujarte a tu profundidad, sino para estar cerca si decides explorar lo que tu sistema ya está listo para transitar.

Lo que algunas personas han dicho después de vivir EMDR

Ahora también quiero compartirte lo que algunos consultantes me han dicho sobre EMDR. He escuchado frases como: “EMDR es más rápido que el pensamiento”, y eso me voló la cabeza, porque se refería justo a que con EMDR no se le da tanta cabida a la elaboración interminable de pensamientos y narrativas. No todo pasa por entender, explicar, analizar o encontrarle sentido con la mente.

Otro consultante me dijo: “es como estar en Interstellar viendo los recuerdos como dimensiones”.

Y ojo: esto no es una promesa de cómo vas a vivir tu terapia. Cada persona encuentra una analogía que le hace sentido para nombrar lo que está viviendo. Cada cabeza no es un mundo, es un universo, y cada persona vive su proceso de manera distinta.

Otra persona me dijo que ahora sentía más espacio para explorar nuevas preguntas y avanzar, en vez de sentirse tan anclada al pasado.

Y muchas personas coinciden, con palabras distintas, en algo muy parecido: “ahora es como si pudiera verlo desde afuera… como si por fin mi cuerpo pudiera entender que eso ya pasó”.

EMDR no es una experiencia de una sola vez

También me parece importante decir algo antes de que EMDR empiece a sonar como “una experiencia” más, de esas que hoy se venden como si en una sola sesión, una sola ceremonia, una sola respiración o una sola vivencia intensa pudiera resolverse toda una historia.

EMDR no funciona así.

EMDR es un abordaje terapéutico estructurado, con un protocolo de 8 fases, y eso me parece importante porque no se trata de ir directo al recuerdo, abrir algo intenso, mover mucho material y luego dejarte con todo eso encima.

En EMDR hay una estructura. Hay historia clínica, preparación, recursos, evaluación. Hay reprocesamiento, instalación, revisión del cuerpo. Hay cierre y hay reevaluación.

Y por eso EMDR no se trata de abrir recuerdos por abrirlos. A veces, antes de reprocesar, necesitamos preparar el terreno: construir recursos, reconocer señales del cuerpo, ampliar seguridad, estabilizar. Porque una memoria no se toca para demostrar valentía, se toca cuando el sistema tiene suficiente sostén para no volver a quedarse solo dentro de ella.

Y además EMDR no trabaja solo con el pasado. Trabaja con tres vertientes: pasado, presente y futuro.

El pasado, porque ahí muchas veces están las experiencias que quedaron sin procesar.

El presente, porque ahí vemos cómo esas memorias siguen activándose hoy: en tus vínculos, en tus síntomas, en tus reacciones, en tus miedos, en tus defensas, en tu forma de recibir o anticipar el mundo.

Y el futuro, porque no solo se trata de mirar hacia atrás, sino de preparar al sistema para responder de una manera más adaptativa cuando vuelva a encontrarse con situaciones que antes lo desorganizaban.

Esto para mí es esencial: EMDR no es ir a tocar una memoria y ya. EMDR es acompañar al sistema a procesar lo que quedó pendiente y también a construir más capacidad para vivir lo que viene con más recursos, más presencia y más seguridad.

EMDR desde mi consultorio

Yo estoy fascinada con EMDR.

He encontrado una terapia basada en evidencia, con muchísimos estudios, con una eficacia que no solo está en los papers, sino que también veo en mi consultorio, en la forma en la que una persona respira diferente, mira diferente, se relaciona diferente con un recuerdo que antes la arrastraba completa.

Si tienes la oportunidad de probar EMDR, de verdad creo que puede ser una experiencia muy valiosa.

Y no como promesa mágica ni como una solución inmediata, sino como una forma profunda, clínica y humana de permitir que tu cerebro, tu cuerpo y tu historia encuentren otra manera de vivir dentro de ti.

Quizá EMDR no cambia lo que pasó, pero puede cambiar algo inmenso: la forma en que tu cuerpo sigue viviendo eso que pasó.

Gracias por leer.

Si al leer esto algo en ti sintió curiosidad, resonancia o una pequeña posibilidad, puedes: agendar tu primer acercamiento a EMDR.

Será muy bello acompañarte con cuidado, estructura y respeto por tu ritmo.

Regresar al blog

Tus comentarios son muy valiosos para seguir nutriendo este blog. ¡Gracias por tomarte el tiempo de dejar un comentario!

Tu comentario después de ser publicado, será visible en un lapso de 12 horas :)