Terapia Somática ~ Transpersonal

Acompañamiento semanal o quincenal.

Te acompaño en el proceso por el que estés pasando desde un enfoque somático, relacional, transpersonal e informado en trauma, para explorar no solo lo que te pasa, sino cómo eso vive en tu cuerpo, en tu historia, en tus vínculos y en tu forma de habitarte.

Esto significa que no acompaño tu historia únicamente desde lo que piensas, recuerdas o puedes explicar con palabras. También observo cómo esa historia vive en tu respiración, en tu sistema nervioso, en tus defensas, en tus síntomas y en la manera en la que tu organismo aprendió a protegerte.

Durante mucho tiempo mi trabajo estuvo orientado hacia lo transpersonal: la búsqueda de sentido, la dimensión espiritual de la experiencia humana, los estados expandidos de consciencia, los símbolos y aquello que a veces no cabe del todo en el lenguaje psicológico convencional.

Hoy sigo reconociendo esa dimensión como una parte importante de la psique, pero mi forma de acompañar se ha vuelto más encarnada, más clínica y más cuidadosa con el trauma y con el sistema nervioso.

Para mí, lo transpersonal no es una meta que se persigue ni una experiencia que se fabrica. No se busca como una salida del cuerpo ni como una promesa de expansión. Cuando el proceso terapéutico tiene suficiente profundidad, seguridad y honestidad, lo transpersonal puede emerger de manera natural: como sentido, como símbolo, como contacto con algo más amplio, como una experiencia más encarnada del alma.

El término transpersonal significa “más allá de lo personal”. Pero en mi forma de acompañar, ese "más allá de lo personal" empieza aquí: en la vida misma, en lo cotidiano, en el cuerpo. Empieza en la respiración que se corta cuando algo se siente peligroso, en la mandíbula que aprieta lo que nunca pudo decir, en el pecho que se cierra antes de confiar. En el impulso de luchar, huir, complacer, controlar, congelarte o sostenerlo todo sola. En la parte de ti que entiende muchas cosas, pero todavía no logra sentirse a salvo.

Lo transpersonal, cuando está verdaderamente integrado, no niega lo humano: lo atraviesa.

Primero necesitamos conocer cómo se organiza tu sistema nervioso, comprender tus defensas y reconocer tus recursos. Observamos tu historia con honestidad y compasión. Comprendemos cómo tu cuerpo aprendió a sobrevivir. Damos lugar a tus partes internas, a tus heridas, a tus contradicciones, a tus luces y a tus sombras.

Entonces, poco a poco, algo más profundo puede empezar a emerger: no como una idea espiritual bonita, sino como una experiencia más real de ti. Una identidad menos construida desde la supervivencia y más cercana a tu verdad esencial.

Hay personas que llegan a terapia entendiendo muchas cosas de su historia, pero su cuerpo sigue sin enterarse.

Saben por qué les pasa lo que les pasa y pueden narrarlo con claridad, pueden incluso explicarlo con una lucidez impresionante. Y aun así, algo sigue apretado por dentro, la mandíbula no suelta, los hombros no bajan, la espalda sigue tensa. El cuerpo sigue respondiendo como si todavía hubiera peligro... y ahí es donde la terapia somática empieza a tener sentido.

¿Qué es la terapia somática?

La terapia somática es un enfoque terapéutico que toma en serio la relación entre mente, emoción, cuerpo y sistema nervioso.

No trabaja solamente con la narrativa, sino también con la forma en la que esa narrativa se quedó organizada en tu organismo. A veces lo vivido no aparece como recuerdo claro, sino como tensión, alerta, cansancio, bloqueo, desconexión, hipervigilancia, ansiedad, impulsos de movimiento, dificultad para descansar, necesidad de controlar, miedo al contacto, imposibilidad de poner límites o una sensación persistente de amenaza aunque “todo esté bien”.

La mente puede entender que algo ya pasó, pero el cuerpo puede seguir viviendo como si no hubiera terminado. Y ahí es donde el trabajo somático se vuelve necesario.

A veces una persona puede llegar a creer que está fallando, o que la terapia no le funciona, porque ya habló mucho, pensó mucho, leyó mucho, analizó mucho, resignificó mucho y entendió mucho. Sabe de dónde vienen sus patrones, identifica su herida, comprende su infancia, reconoce sus vínculos, puede nombrar su ansiedad y, aun así, el cuerpo sigue entrando en alerta, cerrándose o congelándose.

Y esto sucede no porque falte inteligencia o voluntad, sino porque el trauma no vive solo como narrativa, también vive como organización fisiológica.

El trauma no solo se recuerda: también se organiza

Cuando hablo de trauma no me refiero únicamente a los eventos que una persona puede identificar con claridad como traumáticos. También me refiero al trauma complejo y relacional: experiencias que quizá no siempre se ven “grandes” desde afuera, pero que fueron demasiado intensas, demasiado solas, demasiado prolongadas o demasiado tempranas para que tu sistema pudiera integrarlas con seguridad.

A veces el trauma viene de un evento claro y a veces viene de una acumulación silenciosa.

A veces viene de crecer teniendo que leer el ambiente antes de poder ser tú. De aprender a complacer para no perder amor, de hacerte fuerte demasiado pronto, de no tener permiso para necesitar, de vivir con adultos emocionalmente impredecibles o de tener que adaptarte tanto que tu cuerpo confundió pertenecer con desaparecer.

El trauma, desde una mirada somática, no es solamente lo que ocurrió. También es lo que tu cuerpo tuvo que hacer para sobrevivir a eso: luchar, huir, congelarse, complacer, desconectarse, aguantar, controlar, anticipar o cerrar el corazón antes de que volviera a doler.

La terapia somática entiende que muchas de esas respuestas fueron necesarias en algún momento. El problema no es que tu cuerpo haya creado defensas, el problema es que algunas defensas siguen activándose en el presente aunque ya no estés en el mismo peligro.

La terapia somática ayuda a que tu sistema nervioso pueda empezar a distinguir entre el pasado y el presente.

Y esa distinción no se logra solo hablando y entendiendo: se logra con presencia, ritmo, regulación, relación, cuerpo, seguridad y una forma muy cuidadosa de acercarnos a lo que antes se sintió demasiado.

La terapia somática no es solamente “sentir el cuerpo”

Últimamente se ha simplificado mucho lo somático. A veces parece que trabajar con el cuerpo significa sacudirse, gritar, brincar, respirar fuerte, mover las caderas o hacer una catarsis para “liberar el trauma”.

Pero el trauma no se libera: se reorganiza porque el trauma es una organización.

El trauma es una forma en la que el sistema nervioso, la memoria, el cuerpo, la emoción y la percepción se acomodaron alrededor de una experiencia que no pudo procesarse del todo.

Por eso, una terapia somática informada en trauma no empuja al cuerpo a sentir más de lo que puede sostener. No fuerza la catarsis ni romantiza el desborde. No busca que revivas lo peor para “liberarlo” ni convierte la intensidad en señal de profundidad.

También se ha confundido lo somático con cerrar los ojos, llevar la atención al cuerpo y quedarte sintiendo una emoción sin más contexto. Y aunque sentir el cuerpo puede ser una parte importante del proceso, no todo contacto con la sensación es terapéutico si no hay ritmo, recursos, orientación y suficiente seguridad para sostener lo que aparece.

Sentir más no siempre significa integrar más.

El trabajo somático real suele ser sutil, preciso y respetuoso porque tu sistema nervioso necesita condiciones suficientemente seguras para reorganizarse.

¿Cómo se diferencia de una terapia psicológica tradicional?

Cuando hablo de psicología tradicional no me refiero a que toda terapia hablada sea superficial o inútil. Sería injusto y clínicamente impreciso decir eso. La palabra puede ser profundamente reparadora y claro que comprender tu historia importa, nombrar lo vivido importa. Pensar, simbolizar, narrar y hacer sentido también son procesos terapéuticos esenciales.

Pero hay procesos donde hablar ya no alcanza. 

Hay momentos en los que la persona ya entendió, ya perdonó, ya resignificó, ya escribió cartas, ya hizo consciente el patrón, ya sabe que su reacción viene de la infancia, ya puede explicarlo todo con una lucidez impresionante… y aun así su cuerpo sigue entrando en alerta, cerrándose, congelándose, complaciendo o anticipando abandono.

Y esa es la diferencia: un proceso centrado solo en la palabra suele trabajar con la narrativa, el pensamiento, la interpretación, la emoción consciente y la historia biográfica. Un enfoque somático también trabaja con eso y además, con la memoria implícita: con esas huellas preverbales que a veces no aparecen como recuerdos claros, sino como sensaciones, defensas, impulsos, formas de protegerte o patrones relacionales.

También trabaja con el tono corporal, la respiración, la orientación, la percepción de seguridad o amenaza, los límites, la ventana de tolerancia y la forma en la que el cuerpo participa en la experiencia emocional.

La pregunta ya no es únicamente: “¿qué te pasó?”

También empezamos a observar qué hace tu cuerpo cuando eso aparece, qué parte de ti se activa, qué impulso fue interrumpido, qué necesita tu sistema para no irse a colapso y qué ocurre en el vínculo terapéutico cuando alguien te escucha sin invadirte.

La terapia somática no reemplaza la palabra: la encarna.
Y le devuelve cuerpo a tu historia.

¿Y qué lugar tiene lo transpersonal?

Lo transpersonal, para mí, no es una decoración espiritual. Es el reconocimiento de que la vida psíquica humana no se agota en el síntoma, la conducta, la biografía o el diagnóstico. Hay en nosotras una búsqueda de sentido, una dimensión simbólica, una inteligencia profunda, una relación con lo sagrado, con la muerte, con el misterio, con la pertenencia, con el alma, con aquello que Jung llamaría el proceso de individuación y que otras tradiciones nombrarían como el regreso a la esencia.

En mi forma de acompañar, lo transpersonal no se persigue: emerge.

Emerge cuando el cuerpo empieza a sentirse más seguro, cuando la historia biográfica puede mirarse sin tanta defensa, cuando el sistema nervioso ya no necesita vivir únicamente en supervivencia, cuando la persona puede estar un poco más presente con lo que siente, con lo que recuerda, con lo que desea, con lo que duele y con lo que en ella sigue vivo.

No se trata de llegar rápido a la luz, ni de saltarnos la historia, ni de convertir el dolor humano en una lección espiritual antes de que el cuerpo haya podido procesarlo.

Por eso mi forma de acompañar lo transpersonal está informada en trauma: porque lo profundo también necesita cuerpo, integración, discernimiento y contención.

No se trata de negar las experiencias espirituales, místicas, simbólicas o de expansión de consciencia, sino de darles un lugar clínico, humano y encarnado. Algunas experiencias profundas pueden tener un enorme potencial transformador, pero también necesitan integración, discernimiento y contención.

Una emergencia espiritual, una experiencia de unidad, una apertura psíquica intensa, una vivencia arquetípica o un proceso de muerte-renacimiento interno no siempre son patología. Pero tampoco deben romantizarse automáticamente. A veces son procesos de transformación y otras veces se mezclan con trauma, desregulación, duelo, apego, colapso o disociación.

Mi trabajo es acompañar ese territorio con respeto, sin reducirlo todo a síntoma y sin convertirlo todo en espiritualidad... con los pies en la tierra y los oídos en el alma.

¿Qué puedes trabajar y para qué sirve la terapia somática?

Puedes traer el tema que estés atravesando: ansiedad, estrés crónico, trauma relacional, dificultad para poner límites, desconexión corporal, duelo, crisis vitales, cambios importantes, miedo, vergüenza, vínculos difíciles, cansancio emocional, hipervigilancia, autoexigencia, necesidad de control, experiencias espirituales difíciles de integrar o la sensación de que algo en ti quiere transformarse, pero no sabe por dónde empezar.

A veces trabajamos con algo muy concreto: una relación, una decisión, una memoria, un síntoma, un límite o una emoción que se repite.

Otras veces el proceso es más amplio: empezar a conocerte de una manera menos mental y más encarnada. Entender cómo te proteges. Reconocer qué partes de ti están agotadas. Escuchar lo que el cuerpo ha estado intentando decir desde hace tiempo. Recuperar una sensación más profunda de presencia, coherencia y contacto contigo.

La terapia somática puede ser especialmente valiosa cuando sientes que entiendes muchas cosas, pero tu cuerpo sigue reaccionando como si el peligro no hubiera terminado. Cuando la ansiedad no se calma solo pensando diferente. Cuando te cuesta descansar aunque estés agotada. Cuando dices que sí aunque algo en tu cuerpo quería decir que no. Cuando reaccionas con intensidad, te congelas, te desconectas o te cuesta registrar tus necesidades hasta que ya estás al límite.

En este acompañamiento no buscamos exigirte una versión “mejorada” de ti. Buscamos crear las condiciones para que puedas encontrarte con lo que hay en ti sin violentarte.

Porque muchas veces el cambio no ocurre cuando nos presionamos más, sino cuando el sistema por fin encuentra suficiente seguridad para dejar de defenderse tanto.

En la terapia somática no se trata de pensar menos. Se trata de incluir más: más cuerpo, más presencia, más pausa, más relación, más capacidad de sentir sin desbordarte y más espacio interno para que la vida no tenga que vivirse siempre desde la defensa.

¿Cómo es una sesión?

Este acompañamiento puede realizarse en línea por zoom o de manera presencial en la colonia del Valle, CDMX. La frecuencia puede ser semanal o quincenal, dependiendo de tu proceso, tus necesidades y el momento en el que te encuentres.

Esta sesión no consiste solamente en hablar ni solamente en hacer ejercicios corporales. A veces hablamos, sí, porque claro que tu historia importa, la palabra organiza y nombrar puede regular y abrir espacio.

Pero mientras hablamos, también observamos qué ocurre en tu cuerpo: cómo cambia tu respiración, qué pasa con tu postura, qué sensaciones aparecen, qué partes se activan, qué impulsos llegan, qué emociones pueden sostenerse y cuáles necesitan más cuidado. Notamos en dónde hay tensión, ausencia y dónde aparece más vida. Dónde aparece cierre y dónde el sistema pide pausa.

Podemos trabajar con recursos, orientación, respiración, movimiento suave, contacto con el entorno, imágenes internas, partes, límites, sensación corporal, emoción, símbolos, memoria, vínculo y sentido.

No hay una fórmula única, tu sistema nervioso va marcando el ritmo y mi trabajo es escuchar ese ritmo contigo.

Acompañarte sin empujarte, intervenir cuando hace falta, pausar cuando el cuerpo necesita tiempo, nombrar lo que quizá todavía no puedes nombrar, sostener el proceso sin invadirlo y ayudarte a construir una relación más segura con tu experiencia interna.

A veces una sesión trae claridad, a veces trae emoción, a veces trae silencio, a veces trae una comprensión nueva y a veces trae algo más sencillo pero profundamente reparador: la experiencia de ya no tener que atravesarlo sola.

Mi forma de acompañar

Mi acompañamiento nace del cruce entre la psicología, la terapia somática, la psicotraumatología, el trabajo con el sistema nervioso, el trabajo con partes (IFS), la mirada transpersonal, la compasión y la comprensión profunda de que no somos solamente una mente intentando funcionar.

Somos cuerpo.
Somos historia.
Somos vínculo.
Somos defensa.
Somos símbolo.
Somos memoria.
Somos deseo de sentido.
Somos también misterio y universo.

Por eso no acompaño desde una técnica aislada. Acompaño desde una mirada integrativa.

Me importa tanto tu regulación como tu verdad. Tanto tu historia biográfica como tu dimensión profunda. Tanto tus síntomas como tu posibilidad. Tanto lo que te pasó como lo que en ti sigue intacto, esperando condiciones más seguras para emerger.

No me interesa patologizar tu sensibilidad, pero tampoco romantizar tu dolor.

Me interesa ayudarte a mirar con honestidad cómo tu cuerpo aprendió a protegerte, qué costo han tenido esas formas de protección y qué posibilidades nuevas pueden aparecer cuando ya no tienes que vivir siempre desde la supervivencia.

Aquí no se trata de volverte “funcional” para seguir sobreviviendo mejor. Se trata de acompañarte a recuperar contacto: con tu cuerpo, con tus límites, con tus emociones, con tu historia, con tus recursos, con tu deseo, con tu intuición y con tu capacidad de estar en el mundo de una forma más viva, más presente y más tuya.

¿Este acompañamiento es para ti?

Este espacio puede ser para ti si sientes que la terapia hablada te ha ayudado, pero hay algo en el cuerpo que todavía no termina de sentirse seguro.

  • Si has entendido mucho de tu historia, pero sigues repitiendo respuestas que no eliges.
  • Si vives con ansiedad, tensión, cansancio, hipervigilancia, bloqueo o desconexión.
  • Si quieres trabajar trauma o experiencias difíciles desde una mirada cuidadosa, no invasiva e informada en sistema nervioso.
  • Si buscas un acompañamiento profundo o transpersonal, pero no quieres perder el piso.
  • Si te interesa integrar cuerpo, psique, historia, vínculo y sentido.
  • Si has tenido experiencias espirituales, simbólicas, arquetípicas o transpersonales que necesitas comprender con más contención.
  • Si estás en un momento de transformación y quieres acompañamiento para atravesarlo sin exigirte perfección, sin violentarte y sin abandonar tu humanidad.

Un espacio para sanar, pero también para abrir posibilidad

Este acompañamiento no parte de la idea de que hay algo mal en ti.

Parte de algo más humano y más honesto: quizá has tenido que adaptarte mucho. Quizá tu cuerpo aprendió a vivir en defensa, quizá hay partes de ti cansadas de sostener, quizá hay memorias que siguen pidiendo integración, quizá hay una vida más amplia intentando abrirse paso, pero tu sistema necesita seguridad antes de poder confiar en ella.

Trabajo con trauma, pero también con la posibilidad.

Porque hay una parte de nosotras que el trauma no alcanza a tocar del todo. A veces está cubierta, a veces está protegida, a veces está esperando... pero sigue ahí.

Y cuando el cuerpo empieza a sentir un poco más de seguridad, cuando la historia puede mirarse con compasión, cuando el sistema nervioso deja de pelear con todo, cuando el alma ya no necesita escapar del cuerpo para encontrar sentido, algo empieza a reorganizarse.

A veces, en ese punto, también aparece lo transpersonal, no porque lo hayamos buscado, no porque lo hayamos forzado. Sino porque cuando lo humano encuentra suficiente espacio para integrarse, la psique puede abrirse naturalmente hacia algo más amplio.

No como una transformación espectacular, sino como un regreso. Un regreso lento, profundo y verdadero a ti.

¿Quieres empezar tu proceso?

Si algo de esto hizo sentido en tu cuerpo, en tu historia o en el momento que estás viviendo, puedes RESERVAR TU SESIÓN.

También puedes seguir explorando más sobre trauma, cuerpo y sistema nervioso antes de iniciar:

Leer sobre: ¿Qué es realmente el trauma?
Leer sobre: El impacto fisiológico del trauma en cuerpo y sistema nervioso.

Un poco sobre mí...

Si estás por emprender este viaje, quizá quieras saber un poco más sobre quién te acompaña, mi propia historia y la forma en la que llegué a este cruce entre psicología, cuerpo, trauma y dimensión profunda: Aquí te cuento un poco más de mí.

Preguntas frecuentes sobre terapia somática

¿Qué es la terapia somática?

La terapia somática es un enfoque terapéutico que integra cuerpo, emoción, mente y sistema nervioso. No trabaja únicamente con lo que piensas o recuerdas sobre tu historia, sino también con la forma en que esa historia puede seguir viva en tu respiración, tensión, postura, impulsos, defensas, ansiedad, desconexión o sensación de amenaza. En una sesión somática observamos cómo responde tu cuerpo mientras hablas, sientes, recuerdas o te relacionas, para crear más seguridad, regulación y presencia.

¿Para qué sirve la terapia somática?

La terapia somática puede ayudarte si sientes que entiendes muchas cosas de tu historia, pero tu cuerpo sigue reaccionando como si el peligro no hubiera terminado. Puede ser útil en procesos de ansiedad, estrés crónico, trauma relacional, desconexión corporal, dificultad para poner límites, hipervigilancia, agotamiento emocional, congelamiento, autoexigencia o experiencias difíciles que siguen teniendo carga corporal. No se trata solo de entender más, sino de ayudar al sistema nervioso a encontrar nuevas formas de responder.

¿La terapia somática sirve para ansiedad?

Sí, la terapia somática puede ser muy valiosa para trabajar ansiedad, especialmente cuando la ansiedad no se calma solo pensando diferente. Desde este enfoque no miramos la ansiedad únicamente como un pensamiento excesivo, sino también como un estado del sistema nervioso: alerta, anticipación, tensión, dificultad para descansar o sensación de amenaza. El trabajo somático ayuda a reconocer esas señales corporales, desarrollar recursos de regulación y crear más capacidad para estar contigo sin desbordarte.

¿La terapia somática trabaja trauma?

Sí. La terapia somática puede acompañar procesos de trauma, trauma relacional y experiencias difíciles que siguen activas en el cuerpo. Desde una mirada informada en trauma, no se busca revivir lo peor ni empujar al cuerpo a una catarsis intensa. El trabajo se hace con ritmo, recursos, cuidado y atención a la ventana de tolerancia, para que el sistema nervioso pueda acercarse poco a poco a lo que antes fue demasiado y empezar a reorganizarse con mayor seguridad.

¿Cuál es la diferencia entre terapia somática y terapia psicológica tradicional?

La terapia psicológica tradicional suele trabajar principalmente con la palabra, la narrativa, el pensamiento, la emoción consciente y la comprensión de la historia personal. La terapia somática también incluye el cuerpo: respiración, tensión, impulsos, defensas, percepción de amenaza o seguridad, límites, orientación y memoria implícita. La diferencia no es que una sea mejor que la otra, sino que el enfoque somático incluye cómo la historia vive en el organismo, no solo cómo se explica con palabras.

¿La terapia somática es solo sentir el cuerpo?

No. La terapia somática no consiste simplemente en cerrar los ojos y “sentir el cuerpo”, ni en hacer ejercicios corporales sin contexto. Es un acompañamiento terapéutico donde observamos la experiencia corporal con cuidado, dentro de una relación segura y con una mirada informada en trauma. A veces incluye respiración, orientación, pausas, límites, movimiento suave, recursos o sensación corporal, pero siempre con un propósito clínico: ayudar al sistema nervioso a tener más regulación, presencia y capacidad de integración.

¿Qué significa que el enfoque sea informado en trauma?

Un enfoque informado en trauma entiende que muchos síntomas no son fallas personales, sino adaptaciones inteligentes de un organismo que hizo lo que pudo para sobrevivir. Esto implica trabajar sin forzar, sin invadir y sin romantizar la intensidad. En lugar de empujar a la persona a revivir experiencias dolorosas, se cuida el ritmo del proceso, la seguridad del vínculo, los recursos disponibles y la capacidad real del sistema nervioso para sostener lo que aparece.

¿Qué lugar tiene lo transpersonal en este acompañamiento?

Lo transpersonal tiene un lugar importante, pero no como una forma de escapar del cuerpo o de saltarnos la historia personal. En este enfoque, lo transpersonal no se persigue: emerge. Puede aparecer como sentido, símbolo, intuición, contacto con lo profundo o una experiencia más amplia de ti misma cuando hay suficiente seguridad, integración y presencia. La dimensión espiritual no se niega, pero tampoco se deja flotando: se acompaña con estructura clínica, mirada somática y respeto por lo humano.

¿Puedo trabajar experiencias espirituales o transpersonales difíciles de integrar?

Sí. Puedes traer experiencias espirituales, simbólicas, místicas, arquetípicas, estados expandidos de consciencia, crisis psicoespirituales o vivencias difíciles de explicar en un lenguaje convencional. El objetivo no es patologizar automáticamente estas experiencias ni romantizarlas sin discernimiento, sino darles un espacio clínico, humano y encarnado para poder integrarlas con más claridad, cuerpo y contención.

¿Cómo es una sesión de terapia somática?

Una sesión puede incluir conversación, observación corporal, pausas, respiración, orientación, recursos, límites, movimiento suave, imágenes internas, partes, emociones, sensaciones, vínculo y sentido. No hay una fórmula única. A veces el proceso se enfoca en algo concreto, como una relación, un síntoma o una emoción que se repite. Otras veces se trabaja con algo más amplio: reconocer cómo te proteges, cómo responde tu cuerpo y qué necesita tu sistema para sentirse un poco más seguro.

¿La terapia somática es presencial o en línea?

Ofrezco acompañamiento somático y relacional informado en trauma de manera presencial en la colonia Del Valle, en CDMX, y también en línea por zoom. Ambas modalidades pueden ser profundas y efectivas cuando hay un encuadre claro, presencia terapéutica y cuidado del ritmo del proceso. La modalidad ideal depende de tus necesidades, tu ubicación y el momento en el que te encuentres.

¿Con qué frecuencia se recomienda tomar sesiones?

La frecuencia puede ser semanal o quincenal, dependiendo de tu proceso, tus necesidades y tu disponibilidad. En procesos donde hay mucha activación, ansiedad, trauma relacional o necesidad de construir recursos, la frecuencia semanal puede ayudar a sostener mejor la continuidad. En otros momentos, una frecuencia quincenal puede ser suficiente. Esto se revisa según tu caso, sin imponer un ritmo que no tenga sentido para ti.

¿Este acompañamiento sustituye atención médica o psiquiátrica?

No. Este acompañamiento no sustituye atención médica, psiquiátrica ni tratamientos especializados cuando son necesarios. Puede acompañar procesos emocionales, corporales, traumáticos, vinculares o transpersonales, pero si hay síntomas graves, crisis agudas, riesgo para tu seguridad o necesidad de valoración médica/psiquiátrica, es importante buscar el apoyo correspondiente. En algunos casos, el trabajo terapéutico puede formar parte de una red de cuidado más amplia.

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