Qué es realmente el trauma

Qué es realmente el trauma

Trauma: no es el evento, es la huella.

Hay una idea que nos ha hecho muchísimo daño no solo a nivel individual sino también colectivo: que trauma es sinónimo de algo "terrible” y que, si no tienes un evento claro que contar, recordar o identificar, entonces “no cuenta”.

Pero el trauma, aunque también son esas cosas terribles, no se mide por la magnitud del evento. Se mide por la huella.

Trauma es lo que le pasa a tu sistema nervioso cuando algo te sobrepasa y te deja sin recursos. No es solo la historia. Es el impacto. Es la forma en que tu cuerpo aprendió a vivir después. Es la impronta en el cuerpo: cómo respiras, cómo duermes, cómo confías, cómo te defiendes, cómo te apagas.

Y aquí viene la parte que casi nadie te dice (y que cambia todo): a veces la respuesta no está en lo que sí pasó, sino en lo que NO PASÓ: lo invisible, lo normalizado, lo que faltó y tu cuerpo tuvo que compensar.

Lo que no pasó”: el trauma invisible que se vuelve normal

Si la terapia no te ha funcionado, quizá es porque solo te has enfocado en lo que sí pasó, y no en lo que no pasó.
Y a veces, en lo que no pasó —en lo invisible, en lo normalizado— están las respuestas.

Muchísimas personas dicen:
“Pero yo tuve una infancia normal”.

Y cuando rascas un poco, “normal” significaba:

✦nadie preguntaba cómo te sentías

✦te calmabas sola

✦eras “muy madura” para tu edad

✦no había espacio para llorar sin ser juzgada

✦tus límites no importaban

✦el amor llegaba solo cuando cumplías expectativas

✦el conflicto no se reparaba: se negaba, ignoraba o se castigaba

✦la ley del hielo era habitual, tus cuidadores te dejaban de hablar

Eso no siempre deja recuerdos “dramáticos”. Deja otra cosa: un cuerpo que aprendió que sentir es peligroso o inútil.

Negligencia emocional: el gran fantasma

No es solo que "no te pegaran”. Es:

  • no ser vista

  • no ser espejeada

  • no ser co-regulada
  • no ser acompañada en el desborde

  • no recibir consuelo consistente

  • no ser contenida

  • no tener espacio ni lugar para las emociones

Y entonces aparece la genialidad del sistema nervioso: si no hubo sostén, tú te vuelves tu propio sostén… a costa de apagar necesidades, endurecerte, hiper-controlarte o disociarte.

¿Todo eso que no pasó, es trauma? A veces sí. Y se le conoce como trauma complejo o relacional.

Es importante saber que no todo lo doloroso es trauma. La vida trae pérdidas, rupturas, fracasos, enfermedades, momentos duros… y eso puede ser tristísimo sin volverse traumático. Lo que convierte una experiencia difícil en trauma no es solo lo que pasó, sino cómo se vivió por dentro: si te sobrepasó, si te dejó sin salida, y sobre todo si tu sistema nervioso tuvo que atravesarlo en soledad (sin sostén, sin validación, sin alguien que ayudara a regular el miedo, la pena o la confusión). Cuando hay compañía real—alguien que te cree, te protege, te calma, te ayuda a hacer sentido—muchas experiencias adversas duelen, pero no se “atascan” en el cuerpo como amenaza permanente. El trauma, en cambio, suele nacer cuando el dolor no solo duele: aísla, te obliga a tragarlo en silencio y te enseña que sentir es peligroso porque no hay nadie para sostenerte mientras sientes.

¿Por qué el trauma complejo y relacional se origina en la infancia?

Es más probable que el trauma se vuelva complejo o relacional cuando ocurre en la infancia porque, literalmente, aún no teníamos el “equipo” para procesarlo. El cerebro infantil está inmaduro: no cuenta con la misma capacidad de perspectiva, integración y autocontrol que un adulto, y el sistema nervioso de un niño no puede autorregularse solo. Se regula en relación: a través de una mirada que calma, un tono de voz que organiza, brazos que sostienen, límites que protegen, y una reparación después del susto. Cuando eso falta—o cuando la figura de apego es impredecible, crítica, ausente o amenazante—el niño no solo vive un evento difícil; aprende un mundo interno: “no es seguro sentir”, “estoy sola con esto”, “para que me quieran tengo que adaptarme”. Y como esa adaptación ocurre mientras se está formando el cerebro y la identidad, no queda como un recuerdo aislado: se vuelve un patrón de supervivencia que atraviesa emociones, cuerpo y vínculos durante años.

Veamos las diferencias:

Trauma simple 

Suele ser un evento único o acotado en el tiempo. Por ejemplo:

  • accidente, asalto, cirugía, desastre natural

  • una experiencia de violencia física, verbal o sexual puntual

  • una pérdida abrupta

  • un evento que te dejó “congelada” por dentro

Trauma complejo

No es “un evento”; es un clima.
Suele ser repetido, prolongado y muchas veces interpersonal:

  • abuso emocional o físico sostenido

  • negligencia crónica

  • humillación, control, invalidación

  • vivir con miedo constante (aunque nadie te “toque”)

  • crecer sin reparación: sin alguien que te regule cuando te desbordabas

¿Cómo se siente?: no solo recuerdas cosas; te cuesta sostener una identidad tranquila. Se afecta:

  • autoestima (“algo está mal conmigo”)

  • regulación emocional (picos o apagones)

  • vínculos (me aferro / me voy / me congelo / complazco)

  • cuerpo (tensión, colon irritable, dolor, insomnio, fatiga)

  • sentido de realidad interna (disociación, niebla, desconexión)

Trauma relacional: cuando el peligro fue el vínculo (o la ausencia)

Esta parte es clave: el trauma más difícil no siempre es lo que ocurrió “afuera”, sino lo que ocurrió entre tú y quien se suponía que era refugio.

Trauma relacional puede surgir por:

  • Lo que sí pasó: abuso, gritos, amenazas, manipulación, castigo, impredecibilidad.

  • Lo que no pasó: cuando no hubo cuidado consistente, validación, ternura, protección, límites sanos, reparación después del conflicto.

Porque para un niño el vínculo no es lujo: es supervivencia.

Trauma no es el evento, es lo que quedó en el cuerpo al vivir el evento (simple, complejo o relacional)

Dos personas pueden vivir “lo mismo” y no quedar igual. Porque el trauma no se mide por el tamaño del evento, sino por:

  • la intensidad y la duración

  • la edad (no pesa igual a los 6 que a los 36)

  • el apoyo (¿hubo alguien que te sostuviera?)

  • la salida (¿pudiste moverte, pedir ayuda, poner límites, llorar con alguien?)

Cuando una experiencia es demasiado, demasiado pronto, demasiado sola… el cuerpo hace lo que sabe hacer: sobrevivir. Y esa supervivencia se vuelve patrón y se vuelve hábito. Para también se vuelve la manera en la que estamos en el mundo.

Eso explica por qué a veces dices:

  • “Ya lo superé” pero tu cuerpo se tensa igual.

  • “No fue para tanto” pero te cuesta dormir, confiar, recibir, descansar.

  • “Sé que no estoy en peligro” pero tu sistema nervioso no te cree.

El trauma no se cura con lógica solamente, porque no se instaló con lógica. Se instaló en el cuerpo, en el vínculo y en la percepción de seguridad.

Por qué a veces “la terapia no funciona”

Muchas terapias fallan con trauma porque intentan resolverlo solo con la cabeza.

Si tu proceso se vuelve únicamente:

  • entender el origen

  • reencuadrar pensamientos

  • “cambiar creencias y patrones”

  • hablar, hablar, hablar…
    pero tu cuerpo sigue en alerta o colapso...

Entonces, no es que tú “no sirvas para terapia”.
Es que ese enfoque se quedó corto para lo que tu sistema nervioso necesita.

A veces, la terapia se queda corta cuando:

  • solo trabaja con la historia (narrativa) y no con el cuerpo

  • va demasiado rápido (abre sin recursos)

  • no considera trauma relacional (no trabaja vínculo, límites, reparación)

  • se enfoca en “calmar” en lugar de ampliar ventana de tolerancia

La pregunta no es “¿por qué sigo así?”
La pregunta clínicamente útil es: ¿qué sigue intentando proteger tu sistema nervioso?

Entonces… ¿cómo se trabaja el trauma?

El trauma no es algo que simplemente “se libera” con una catarsis ni algo que solo “se resignifica” con una nueva idea. El trauma se reprocesa: el sistema nervioso vuelve a pasar por la experiencia, pero esta vez con más recursos, con seguridad, con elección y con acompañamiento. Y en ese reprocesamiento ocurre algo muy concreto: se desactiva la alarma.

Lo que antes encendía lucha, huida, congelamiento o colapso empieza a perder carga; el cuerpo deja de reaccionar como si el pasado estuviera ocurriendo ahora. No borras lo vivido, pero sí cambia su lugar en ti: deja de gobernarte desde el reflejo y se vuelve memoria integrada. En pocas palabras: el trauma no se “cura” solo por entenderlo; se desactiva cuando tu cuerpo deja de tener que sobrevivirlo.

El mito moderno: “lo sané en un fin de semana”

Te lo digo claro: el trauma no se trabaja en una sola vez.
Ni en una ceremonia, ni en un retiro, ni en un intensivo de fin de semana. Puede haber aperturas, insights, catarsis, experiencias profundas… sí. Pero eso no equivale a integración.

¿Por qué?
Porque el trauma es un fenómeno de dosificación. En terapia informada en trauma, lo que cura no es “revivirlo todo de una sola vez”; lo que cura es:

  • entrar por dosificación

  • salir a tiempo

  • regresar con más recursos

  • ampliar la ventana de tolerancia

  • consolidar nuevas rutas: cuerpo + mente + vínculo

Un fin de semana puede abrir una puerta.
Pero la reparación real ocurre cuando aprendes a cruzarla sin desbordarte.

Trauma no se trabaja en soledad

Otra verdad simple y dura: el trauma se instala muchas veces en el vínculo, y por eso también se repara en el vínculo.

Esto no significa dependencia. Significa co-regulación:

  • alguien que te acompaña a sentir sin inundarte

  • alguien que te ayuda a nombrar sin quedarte sola con el miedo

  • alguien que sostiene límites, ritmo y seguridad

Trabajar trauma “a solas” suele convertirse en:

  • rumiar

  • culparte

  • hiperanalizarte

  • forzarte a “superarlo”

  • o disociarte con espiritualidad/intelecto (“ya entendí todo”) mientras el cuerpo sigue en alerta

La sanación profunda se parece menos a “entender” y más a aprender a estar acompañada mientras tiembla el mundo interno.

Señales de trauma invisible (no diagnóstico, solo pistas)

  • te cuesta pedir ayuda y te agotas sosteniendo a todos

  • dices “sí” rápido aunque tu cuerpo diga “no” y después viene cansancio, irritación o enfermedad

  • confundes intensidad con amor

  • te desconectas en conflicto (mente en blanco, cuerpo ausente)

  • sientes culpa por tener necesidades

  • “todo está bien”, pero tu cuerpo no descansa

  • te hiper-adaptas: eres “fácil”, “relajada”, “cero problema”… hasta que revientas o colapsas

  • te cuesta confiar aunque la persona sea "buena” o el ambiente sea seguro

  • entras en modo de complacencia cuando hay tensión

Si te identificaste: no te etiquetes. Compréndete. Es un inicio.

Preguntas frecuentes sobre trauma

¿Cuál es la diferencia entre trauma simple y trauma complejo?
El trauma simple suele ser un evento puntual; el trauma complejo es repetido/prolongado y frecuentemente relacional, afectando regulación emocional, vínculos e identidad.

¿Qué es el trauma relacional?
Es el trauma que se forma en relaciones significativas (por abuso, invalidación o negligencia emocional), cuando el vínculo fue amenaza o no hubo sostén.

¿Por qué siento el trauma en el cuerpo?
Porque el sistema nervioso aprende respuestas de supervivencia (lucha/huida, congelamiento, colapso) que se activan aunque “ya pasó”.

¿El trauma solo es abuso o violencia?
No. Trauma también puede venir de negligencia emocional, humillación, abandono, inseguridad constante o falta de reparación.

¿Se puede sanar trauma en un retiro o experiencia intensa?
Puede haber apertura, pero la integración suele requerir tiempo, dosificación y acompañamiento, no solo intensidad.

¿Puedo trabajar mi trauma yo sola?
Puedes aprender recursos, pero la reparación profunda rara vez ocurre en aislamiento, especialmente en trauma relacional.

Por último...

El trauma no es debilidad. Es inteligencia de supervivencia.
Y lo más importante: no tienes que trabajarlo a solas, ni a fuerza, ni de golpe. Se trabaja con ritmo. Con dosificación. Con vínculo. Con paciencia. Con compasión.

Porque a veces la respuesta no está en lo que recuerdas con claridad…
sino en lo que tu cuerpo aprendió a llamar “normal”.

Nota cómo se sintió tu cuerpo después de leer esto. ¿Le resonó? ¿Se siente en calma, se siente tranquilo? ¿Se tensó? Todo esto puede darte pistas.

Y recuerda que no estás sola, te acompaño en tu proceso desde un enfoque somático, informado en trauma y transpersonal👉 HAGÁMOSLO JUNTAS🫂

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