Los 7 tipos de descanso: por qué dormir no basta (y cómo recuperar energía de verdad)
Te voy a decir algo que a mí me cambió la forma de entender el cansancio: a veces no estás cansada de sueño. Estás cansada de sostener.
Sostener pendientes. Sostener estímulos. Sostener emociones. Sostener conversaciones. Sostener el “todo bien”. Y ahí es donde dormir se queda corto.
Este marco se volvió famoso por la Dra. Saundra Dalton-Smith y lo han retomado varios medios: no existe un solo descanso; existen siete. Y el problema es que nos enseñaron a buscar descanso solo en uno: la cama.
Y sí: dormir es importante. Pero si tu sistema está prendido, si tu mente no para, si tu día es una avalancha de pantallas, si te la vives conteniendo… puedes dormir y despertar igual de drenada.
Piensa en el cuerpo como una casa con siete cuartos. Si solo limpias uno, los otros seis siguen desordenados. Eso se siente como “dormí, pero no descansé”.
Cuando hay estrés, el cuerpo activa el modo supervivencia (respuesta de estrés): sube la alerta, cambia la respiración, se tensan músculos, se dispara adrenalina/cortisol. Cuando la amenaza pasa, el sistema parasimpático funciona como freno y ayuda a volver a la calma.
Pero cuando vivimos con presión sostenida, el desgaste se acumula: eso se parece a lo que se llama “carga alostática”, el costo de estar adaptándote demasiado tiempo.
TE COMPARTO LOS 7 TIPOS DE DESCANSO:
1) Descanso físico: cuando el cuerpo no se “apaga”
El descanso físico no es solo dormir. Es permitirle al cuerpo salir del modo tensión.
Muchísima gente vive con el cuerpo apretado sin darse cuenta: mandíbula, cuello, trapecios, abdomen. Es como si el cuerpo estuviera listo para reaccionar todo el día. Y aunque te acuestes, si tu sistema sigue en “guardia”, el sueño puede ser ligero, inquieto o poco reparador.
En términos simples: cuando el sistema nervioso está estresado, el cuerpo se prepara para actuar (músculos tensos, respiración más rápida, alerta).
Entonces el descanso físico se vuelve: soltar carga muscular + recuperar energía corporal.
Cómo se siente cuando falta: despiertas cansada, te pesa el cuerpo, te duele algo, te sientes “tiesa”, como si no hubieras bajado la guardia nunca.
Algunas prácticas somáticas que pueden ayudarte:
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Apoyo somático 2 minutos: espalda a la pared, pies firmes, exhala un poquito más largo.
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Estiramiento mínimo y suave (3–5 min): cuello + hombros + cadera.
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Pausas posturales durante el día: 30 segundos para bajar hombros y aflojar mandíbula.
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Si puedes: masaje, yoga restaurativo o caminata suave (descanso físico también puede ser “activo”).
2) Descanso mental: cuando tu cabeza se siente como tener 40 pestañas abiertas
Este es el descanso que más se subestima. El cansancio mental no se siente como “sueño”. Se siente como saturación.
La mente moderna no descansa: te despiertas y ya hay WhatsApp, pendientes, noticias, ideas, preocupaciones. Es un modo de funcionamiento donde el cerebro está en “previsión”: anticipando problemas, organizando, resolviendo. Y ese modo consume mucha energía.
Cuando falta descanso mental, por eso pasa lo típico: te acuestas y la mente dice “perfecto, por fin silencio… ahora sí pensemos TODO”. Y si además hay estrés crónico, la mente tiende a quedarse pegada a lo urgente, porque el cuerpo interpreta que “hay que estar lista”.
Cómo se siente cuando falta: mente acelerada, dificultad para concentrarte, irritabilidad, olvidos, sensación de estar “sobrepasada”, dificultad para dormir porque el pensamiento no se apaga.
Prácticas somáticas que pueden ayudar:
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“Descarga mental” 3 minutos: escribe pendientes e ideas sin orden. Tu cerebro descansa cuando siente que “ya no tiene que sostenerlo todo”.
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Pausas sin pantalla (60–120 segundos) cada 2–3 horas: mirar lejos, parpadear lento, respirar.
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Mono-tarea por bloques: 20 minutos en una sola cosa. La multitarea es cansancio mental.
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Cierre del día: deja una mini lista de “mañana” para no llevártelo a la cama.
3) Descanso sensorial: cuando tu sistema está harto de estímulo
El descanso sensorial es dejar de ser bombardeada: luces, pantallas, notificaciones, ruido, tráfico, conversaciones, música, anuncios, audios… Tu sistema nervioso no fue diseñado para recibir tanto estímulo todo el día.
Cuando hay demasiados estímulos, el cuerpo lo vive como sobrecarga y puede activar respuestas fisiológicas de alerta. Hay fuentes clínicas que lo explican así: en la sobrecarga sensorial, el sistema simpático puede entrar y sentirse como ansiedad, sudoración, mareo, irritabilidad.
Cómo se siente cuando falta: “me siento drenada y no sé por qué”, te molesta el ruido, te irritas con facilidad, te cuesta relajarte, llegas a casa y sigues estimulada.
Prácticas:
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10–20 min al día sin pantalla (sin negociar: sin pantalla).
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Baja el volumen del mundo: reduce notificaciones a lo esencial.
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Micro-descanso sensorial: ojos cerrados 60 segundos + exhalación lenta.
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Ritual nocturno: 30–45 min sin pantallas antes de dormir (tu cerebro lo agradece).
4) Descanso emocional: cuando estás cansada de “estar bien”
Este descanso es para las personas que son fuertes… a costa de sí mismas.
Descanso emocional significa poder ser auténtica sin estar arbandonándote. Es lo contrario de vivir conteniendo: sonriendo cuando no quieres, diciendo “sí” cuando no, tragándote el enojo, minimizando la tristeza, “no pasa nada” cuando sí pasa.
¿Por qué se origina el cansancio aquí? Porque suprimir emoción y sostener una máscara es trabajo interno constante. Y el cuerpo lo registra: tensión, nudo en garganta, presión en pecho, estómago revuelto. La emoción que no se expresa no desaparece: se somatiza, se mueve por el cuerpo como energía retenida (y eso cansa).
Cómo se siente cuando falta: te drenas después de convivir, te cuesta pedir, te cuesta decir que no, te sientes “cargada”, te da culpa expresar necesidad.
Prácticas:
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Una verdad pequeña al día: “hoy no puedo”, “hoy sí necesito”, “hoy me dolió”.
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Pregunta somática rápida: “¿qué siento y dónde lo siento?” (sin analizar, solo ubicar).
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Baja el people-pleasing por 1%: responde “te confirmo” en vez de decir sí en automático.
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Busca espacios seguros para no actuar (con alguien de confianza o en terapia).
5) Descanso social: cuando tu batería humana está en rojo
No todo cansancio social es “soy antisocial”. A veces es que estás rodeada de vínculos donde tienes que performear, complacer, explicar, o aguantar microtensiones.
Descanso social es aprender a distinguir: ¿qué personas me recargan y con quién termino con resaca emocional?
Y también: ¿cuánta soledad me nutre y cuánta me aísla?
El sistema nervioso es profundamente relacional: nos regulamos en presencia de seguridad. Y también nos agotamos en presencia de tensión. No es “sensibilidad”: es que tu cuerpo está leyendo señales todo el tiempo.
Cómo se siente cuando falta: te sientes obligada a contestar, te da flojera ver gente, sales y regresas peor, estás “socialmente cansada” aunque no hiciste gran cosa.
Prácticas:
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Identifica tu “persona vitamina” (con quien puedes exhalar): agenda un espacio a la semana.
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Límites de accesibilidad: no responder inmediatamente no te hace mala; te hace humana.
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Detox de chats: silencia grupos que te saturan y revisa a horas fijas.
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Si estás muy drenada: planes cortos (una hora) en vez de maratones.
6) Descanso creativo: cuando estás cansada de resolver
Este descanso es para las mentes que viven en modo “problema → solución”.
Descanso creativo no significa “ponte a crear”. Significa lo contrario: deja de producir y vuelve a recibir. Es alimentar la mente con belleza, asombro, naturaleza, arte, inspiración… sin convertirlo en tarea.
¿Por qué se origina el cansancio aquí? Porque la creatividad real no nace en la presión. Nace cuando el sistema se afloja y hay espacio. Si te la pasas resolviendo, planificando, optimizando, respondiendo… tu cerebro se vuelve una fábrica. Y la fábrica se quema.
Cómo se siente cuando falta: todo se siente plano, hay bloqueo, apatía, cinismo, “ya nada me emociona”, te cuesta imaginar.
Prácticas:
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10–20 min de naturaleza (parque, cielo, árbol): sin audífonos un ratito.
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Arte sin rendimiento: música, museo, cine, poesía… sin postearlo, sin convertirlo en meta.
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Cambia tu entorno visual: un rincón bonito, luz cálida, una imagen inspiradora.
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“Día sin producción” parcial: una franja del día donde no resuelves nada.
7) Descanso espiritual: cuando lo que falta es sentido
Este descanso no es “sé religiosa”. Es más profundo y más simple: es descansar en algo que te recuerde para qué.
Cuando falta descanso espiritual, puedes sentirte desconectada aunque tu vida esté “bien”. Mucho hacer, poca alma. Mucho movimiento, poco significado. Y sí: eso también agota, porque el cuerpo se cansa de correr sin brújula.
Este descanso se origina cuando vivimos demasiado tiempo en supervivencia cotidiana: pendientes, cuentas, rendimiento, comparación. El sistema nervioso se acostumbra a lo urgente, y se nos va la dimensión de propósito, pertenencia, profundidad.
Cómo se siente cuando falta: vacío, desorientación, sensación de estar en automático, pérdida de entusiasmo vital.
Prácticas:
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Ritual mínimo (2 minutos): vela, oración, intención, gratitud, respiración… algo tuyo.
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Servicio pequeño con límites: una acción semanal que conecte con tus valores.
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Comunidad: grupo, círculo, espacio donde pertenezcas sin actuar.
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Naturaleza como templo: caminar y recordar “soy parte”, no solo “tengo pendientes”.
Cómo usar los 7 descansos sin complicarte la vida
No intentes hacer los siete perfecto. Nadie descansa así. La jugada inteligente es esta:
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Identifica el tipo de cansancio dominante.
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Aplica un descanso específico, aunque sea mini.
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Sosténlo 7 días, y observa.
Porque la restauración no suele ocurrir por un gran gesto heroico. Ocurre por pequeñas dosis correctas.
Y si hoy tuvieras que elegir solo una pregunta diagnóstica, que sea esta:
“¿De qué estoy cansada… además de sueño?”
Trauma y descanso: por qué “relajarte” a veces se siente peligroso
Para mucha gente, descansar activa una alarma antigua:
si bajo la guardia, algo pasa.
La biología del trauma no es error: es adaptación. La hipervigilancia funciona como “estar preparada”, pero cuesta caro: tensión, insomnio, sobresalto, dificultad para evaluar si algo es realmente peligroso.
En términos de carga alostática, el cuerpo paga un “precio de adaptación” cuando los sistemas de estrés se activan demasiado o no se apagan bien.
Por eso, en prácticas informadas en trauma no se empuja el descanso a la fuerza. Se dosifica:
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poquito y seguro,
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repetido,
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con elección,
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con regreso al aquí-y-ahora.
La pregunta que cambia todo
Si hoy pudieras descansar solo de una cosa, ¿de qué sería?
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¿De tu cuerpo? (físico)
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¿De tu cabeza? (mental)
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¿De sostener emociones ajenas? (emocional/social)
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¿De estímulos? (sensorial)
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¿De producir? (creativo)
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¿De sentirte sola en la vida? (espiritual/social)
Esa respuesta suele ser más precisa que cualquier test.
No necesitas un retiro. Necesitas dosis correctas.
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Día 1 (Sensorial): 20 min sin pantalla + ojos cerrados 60s, 3 veces
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Día 2 (Mental): micro-breaks cada 2–3 horas + descarga nocturna 5 min
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Día 3 (Físico): 10 min de estiramiento suave + apoyo somático (pared/pies)
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Día 4 (Emocional): una verdad pequeña + un límite pequeño
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Día 5 (Social): 1 encuentro nutritivo o 1 tarde sin planes (elige lo que te regula)
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Día 6 (Creativo): naturaleza/arte 20 min (sin documentarlo)
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Día 7 (Espiritual): ritual mínimo + una acción con sentido (pequeña)
Repite lo que funcione. Tu sistema nervioso aprende por repetición, no por inspiración.
¿Cuándo esto deja de ser “autocuidado” y se vuelve “consulta”?
Si hay pesadillas frecuentes, insomnio persistente, despertares en alerta, o si el descanso te dispara ansiedad intensa, vale la pena abordarlo con enfoque clínico. Las alteraciones de sueño son muy comunes tras trauma y pueden mantenerse incluso cuando otros síntomas mejoran.
A veces no estás cansada por floja.
Estás cansada por valiente: por sostener demasiado tiempo un sistema de supervivencia que te salvó.
El punto no es “ser una persona zen”.
El punto es que tu cuerpo deje de vivir como si hoy fuera el día del incendio.
Y eso se logra con precisión: descansando donde realmente estás drenada.