El cambio empieza sintiéndote a salvo.

El cambio empieza sintiéndote a salvo.

No es que no quieras cambiar: tu cuerpo no se siente a salvo

Hoy en sesión, una consultante me dijo algo que escucho muy seguido:

"Val, he hecho muchas terapias. Energéticas, psicológicas, familiares, cursos, talleres, retiros… pero nada cambia. Siento que no avanzo.’

No lo dijo desde la queja.
Lo dijo desde el cansancio. Desde ese lugar donde sientes que ya hiciste “todo bien” y aun así sientes que sigues igual. Y entonces aparece el pensamiento más cruel:

“Seguro yo soy el problema.”

En lugar de preguntarle qué más había intentado, le hice otra pregunta:

“En tu día a día, en tu casa, en tu trabajo, en tus vínculos… ¿te sientes a salvo?”

Se quedó en silencio.
Bajó la mirada.
Y dijo:

“No. No me siento a salvo.”

Y ahí estaba la clave.

Cuando no hay seguridad, no hay espacio para el cambio

Se lo dije así, claro y con cariño:

“No es que no quieras cambiar.
Es que tu cuerpo no puede hacerlo si sigue en modo supervivencia.”

Esto no es una frase motivacional. Es neurofisiología básica explicada en humano:

  • Cuando tu cuerpo percibe peligro (real o constante, aunque sea sutil), organiza su energía para protegerte, no para expandirte.

  • El sistema nervioso activa alerta, tensión, hipervigilancia, complacencia extrema o desconexión.

  • Desde ahí no hay mucho margen para:

    • poner límites,

    • elegir distinto,

    • dejar una relación que duele,

    • cambiar de trabajo,

    • sostener hábitos nuevos.

No porque “no quieras”, sino porque todo tu sistema está ocupado tratando de mantenerte a salvo.

Y aquí entra algo que casi nunca se mira en procesos terapéuticos tradicionales:

Puedes hacer terapia, constelaciones, ceremonias, coaching, rituales…
pero si tu entorno diario sigue siendo una fuente constante de amenaza, crítica, inestabilidad o tensión, tu cuerpo sigue viviendo como si estuviera en zona de guerra.

Y en zona de guerra no se diseña una vida nueva. Se sobrevive.

Tu entorno también es parte de la terapia

Mi consultante me dijo:

“En todos mis procesos nunca había tomado en cuenta mi entorno.
Nunca había mirado cómo mi casa, mi trabajo, mis vínculos me hacen sentir en alerta todo el tiempo.”

Y empezó a nombrarlo:

  • “Siempre estoy preocupada.”

  • “Mi cuerpo siempre está contraído.”

  • “Duermo ligero.”

  • “Espero el siguiente problema.”

  • “Siento que nunca descanso por dentro.”

Eso no es flojera, ni autosabotaje, ni falta de compromiso.
Es un cuerpo diciendo: “No puedo soltarme aquí. No es seguro bajar la guardia.”

Dicho de otro modo:

  • El sistema nervioso prioriza la supervivencia sobre el crecimiento.

  • La terapia somática y la terapia informada en trauma nos recuerdan algo esencial:

    sin una sensación mínima de seguridad, el cambio profundo se siente como una amenaza más.

  • Y tu cuerpo, que es leal, va a elegir protegerte antes que arriesgarse.

Por eso muchas personas sienten que “no avanzan en terapia” aunque trabajen muchísimo.

Señales de que no te sientes a salvo (aunque digas “estoy bien”)

Tal vez te vas a ver en alguna:

  • Te cuesta relajarte incluso en casa.

  • Te da culpa descansar.

  • Estás pendiente del humor de alguien más.

  • Te censuras antes de hablar para “no provocar problemas”.

  • Siempre estás esperando “que algo pase”.

  • Tu cuerpo vive con nudos en el estómago, en la garganta, en el pecho.

  • Sientes que si cambias algo (un límite, una decisión, un no), algo malo va a pasar.

Eso no significa que seas dramática, intensa o exagerada.
Significa que tu sistema ha aprendido que el mundo no es tan seguro como debería.

¿Por qué esto bloquea el cambio personal?

Porque:

  1. Si poner un límite se siente tan peligroso como cruzar una autopista, no lo vas a hacer.

  2. Si decir “no” activa miedo a ser rechazada, abandonada o atacada, tu cuerpo va a elegir callar.

  3. Si moverte de un trabajo, relación o casa remueve memorias viejas de ruptura o violencia, el sistema lo va a leer como amenaza, aunque sea “lógico” salir de ahí.

Y aquí quiero ser muy clara:

El problema no es que no “te esfuerces suficiente”.
El problema es que nadie te enseñó que antes del cambio, necesitas seguridad.

Primer paso: dejar de culparte

Si has buscado en Google “por qué no avanzo en terapia”, “por qué nada cambia en mi vida”, “por qué repito patrones” o "cómo eliminar mis bloqueos", y terminas en páginas que te dicen que es cuestión de “ganas”, “actitud” o “mentalidad positiva”, probablemente terminaste sintiéndote peor.

Desde una mirada somática informada en trauma, la lectura es otra:

✨ No estás rota.
✨ No estás atrasada.
✨ No estás haciendo nada mal.
✨ No eres menos por necesitar condiciones más seguras para poder cambiar.

Lo que necesitas no es más autoexigencia.
Es más suelo donde tu cuerpo pueda bajar la guardia.

Entonces… ¿por dónde empiezo?

No te voy a decir “renuncia a todo y múdate a una cabaña”.
La seguridad también se construye en microdecisiones realistas.

Algunas preguntas guía:

  • ¿Hay alguien con quien siempre termino peor y mi cuerpo lo sabe?

  • ¿Hay un espacio de mi casa donde sí respiro un poco más?

  • ¿Hay una conversación básica que llevo evitando por miedo?

  • ¿Hay un límite pequeño que puedo marcar sin poner en riesgo mi integridad?

Y algunas acciones posibles (pequeñas, alcanzables):

  1. Nombrar lo obvio: reconocer para ti misma “en este entorno no me siento del todo a salvo”.

  2. Crear un rincón seguro en tu casa: una esquina, una silla, una cama tendida donde tu cuerpo sepa que ahí no hay pelea, no hay exigencias.

  3. Elegir una persona segura para mandarle un mensaje cuando hagas un micro cambio: “Hoy dije que no”, “Hoy me fui antes”, “Hoy no me quedé a aguantar”.

  4. Registrar tu cuerpo: cada vez que des un paso distinto, nota qué pasa físicamente (un suspiro, calorcito, menos tensión). Eso le enseña a tu sistema que es posible cambiar sin morir en el intento.

No es magia. Es repetición. Es educación del sistema nervioso.
Es psicología somática aplicada a la vida real.

Cuando el entorno sí importa (y mucho)

Otro punto incómodo pero necesario:

Hay contextos que son objetivamente peligrosos o violentos: abusos, humillación constante, parejas agresivas, jefes controladores, falta de privacidad, invasión continua de tus límites.

En esos casos, es verdad: el cambio profundo es muy difícil mientras sigas ahí.

Y no lo digo para presionarte a salir ya.
Lo digo para que dejes de culparte si todo tu ser está diciendo “no puedo” cuando el costo de mover una pieza parece enorme.

A veces la primera meta no es “sanar todo”, es construir la posibilidad real de estar menos expuesta:

  • Información,

  • red de apoyo,

  • plan a mediano plazo,

  • ahorro,

  • acompañamiento terapéutico que no minimice tu realidad.

Eso también es cambio.

Cómo trabajo esto en sesión (y cómo puedo acompañarte)

En mi consulta integro:

  • Psicología transpersonal y somática 

  • Terapia informada en trauma

  • Mirada y comprensión al sistema nervioso, al cuerpo y al entorno

  • Procesos profundos, pero sin culpas ni espiritualidad que te responsabiliza de todo (bypass)

Trabajamos juntas para que:

  • Dejes de leer tu dificultad como “falla personal”.

  • Entiendas cómo tu entorno impacta tu sistema nervioso.

  • Construyamos, paso a paso, más señales de seguridad interna y externa.

  • Desde ahí, ahora sí, puedas hacer cambios sostenibles.

Si sentiste que este texto habla de ti, este puede ser un buen lugar para empezar distinto.

No estás sola, hagámoslo juntas🫂AQUÍ

Regresar al blog

Tus comentarios son muy valiosos para seguir nutriendo este blog ¡Gracias por tomarte el tiempo de compartir!

Tu comentario después de ser publicado, será visible en un lapso de 12 horas :)